Cómo el apego influye en las relaciones que elegimos
¿Qué es el apego?
¿Por qué muchas personas necesitan más cercanía en sus relaciones, mientras que otras prefieren mantener cierta distancia? ¿Por qué hay quienes temen ser abandonados y otros sienten incomodidad cuando otra persona se acerca demasiado?
En ocasiones, muchas de estas diferencias están relacionadas con el tipo de apego.
El apego hace referencia al tipo de vínculo emocional que desarrollamos con aquellas personas que son importantes en nuestra vida. La teoría del apego propone que las personas nacemos con la necesidad biológica de buscar seguridad y protección en otras personas, lo cual tiene una función fundamental, ya que esto nos ayuda a sentirnos seguros para poder explorar el mundo y desarrollarnos como personas.
Durante la infancia, las experiencias con nuestros cuidadores principales, que suelen ser nuestros padres, va forjando el modo en que van a funcionar nuestras relaciones. Así, vamos aprendiendo cosas como: qué podemos esperar de los demás, si podemos confiar en ellos o no, o si debemos protegernos de forma emocional.
Estos patrones también influyen en las relaciones adultas. Es decir, la manera en que aprendimos a vincularnos cuando éramos niños, puede seguir influyendo en cómo nos relacionamos con amigos, parejas o personas cercanas.
Sin embargo, esto no significa que nuestro estilo de apego esté completamente determinado por el pasado. Las relaciones significativas que vamos construyendo a lo largo de la vida también ayudan a hacer modificaciones en la manera de vincularnos.
Los principales estilos de apego y cómo influyen en la elección de pareja y amigos
Además de influir en cómo nos comportamos dentro de las relaciones, el apego también puede tener relación en cómo elegimos a las personas para formar parte de nuestra vida.

En muchas ocasiones, las relaciones no son completamente aleatorias, sino que de forma más o menos consciente, nos sentimos atraídos por dinámicas que nos resultan familiares. Es decir, formas de relación que se parecen, de alguna manera, a las que aprendimos en etapas tempranas de nuestra vida. Esto no quiere decir que repitamos todo de manera exacta, pero si puede ser una influencia a la hora de percibir ciertas conductas como cómodas, cercanas o incluso “normales” dentro de un vínculo.
Hablando de manera muy general, podemos distinguir cuatro tipos de apego principales:
Apego seguro
Las personas con apego seguro suelen sentirse cómodas tanto con la autonomía, como con la cercanía emocional. Pueden expresar sus necesidades, confiar en los demás y mantener relaciones donde haya espacio para conectar y también espacio para la independencia.
En las relaciones, de forma general:
- Suelen sentirse cómodas mostrando sus emociones
- Confían en su pareja o amigos
- Pueden mantener conflictos sin sentir que la relación está en peligro
Esto no significa que estas personas no tengan ninguna dificultad emocional en su vida, sino simplemente que suelen ser personas con una base más segura, que permite que afronten los problemas sin que constantemente aparezca miedo al abandono o al rechazo.
Esto les lleva a poder establecer relaciones más equilibradas, donde hay espacio para conectar emocionalmente sin que la autonomía personal sea percibida como una amenaza.
Apego ansioso
Las personas con este tipo de apego suelen necesitar más cercanía y confirmación en las relaciones para sentir seguridad. Suele aparecer una preocupación por perder a las personas importantes, por lo que interpretan algunas conductas, como la distancia o la falta de respuesta, como señales de rechazo.
De forma general, en las relaciones puede aparecer:
- Sensibilidad a cambios en la actitud del otro
- Miedo a ser abandonado
- Necesidad de reafirmación de manera frecuente
- Pensamientos reiterados sobre la relación

En muchas ocasiones, estas personas tienen el deseo de tener una gran conexión emocional. Sin embargo, cuando se encuentran con personas más distantes o evitativas, se activa el miedo al abandono, lo que puede generar dinámicas en las que la persona busca más proximidad mientras la otra tiende a tomar más distancia.
Apego evitativo
Las personas que presentan este tipo de apego suelen valorar mucho la independencia. Pueden sentirse incómodas cuando las relaciones se vuelven demasiado emocionales o se demanda mucho de la persona. Esto no quiere decir que no necesiten esos vínculos, sino que gestionan las emociones con cierta distancia.
En las relaciones puede ser frecuente:

- Dificultad para hablar de emociones
- Necesidad de mucho espacio personal
- Incomodidad cuando aparece dependencia emocional de otra persona
- Tienden a distanciarse cuando aparecen conflictos o mucha intensidad emocional
Generalmente, prefieren resolver las dificultades de manera individual y sin apoyarse demasiado en los demás. Suelen valorar mucho su independencia, llegando a sentirse incómodas cuando perciben demasiada demanda emocional. Esto puede llevarlas a elegir relaciones donde haya autonomía, o donde sientan que no deban compartir demasiado su mundo emocional.
Apego desorganizado
Aquí se combinan elementos de los dos estilos anteriores. Por un lado, aparece la necesidad imperial de cercanía, pero al mismo tiempo puede aparecer miedo o desconfianza hacia la relación.
Esto puede generar una experiencia de contradicción interna, ya que al mismo tiempo que se siente inseguridad y hay dificultad para confiar en otras personas, puede querer acercarse a los demás.
¿Qué ocurre cuando diferentes estilos se encuentran?
Pero claro, un vínculo se compone al menos por dos personas, por lo que en una relación no influye solamente el apego de una de ellas, sino la combinación de ambos estilos. Dependiendo de la manera en que se vinculen, aparecerán unas dinámicas diferentes dentro de una relación.
Cuando dos personas con apego seguro se encuentran, suele haber más facilidad para comunicarse, expresar necesidades o gestionar conflictos. La cercanía no se vive como amenaza y la autonomía no se percibe como rechazo. De nuevo, esto no significa que no haya dificultades, pero si suele haber más herramientas para resolverlas.

Algo que ocurre con frecuencia, es el vínculo entre una persona con apego ansioso y otra con apego evitativo. Mientras la persona suele buscar más contacto, cercanía y seguridad en la relación, la persona evitativa puede necesitar más distancia emocional y más espacio. Esto puede llevar a un ciclo en el que cuanto más se acerca una persona, más se distancia la otra, lo que retroalimenta la inseguridad de ambos, incluso aunque ambos deseen que la relación funcione. Lo que para una persona es una forma de buscar seguridad, para la otra puede sentirse como invasión o presión.
Es importante recordar que estos patrones no determinar por completo cómo será una relación, ya que las personas no son únicamente su estilo de apego, sino que hay muchos otros factores que influyen en el vínculo.
¿Se puede cambiar el estilo de apego?
Aunque el estilo de apego esté muy relacionado y se forme en gran parte a partir de nuestras primeras experiencias relacionales en la infancia, no es fijo ni inmutable.
A lo largo de la ida, las relaciones que establecemos pueden influir en la manera que nos vinculamos con los demás.

Experiencias relacionales seguras como vínculos de amistad, relaciones de pareja o incluso procesos terapéuticos donde existe estabilidad y confianza, pueden ayudar a desarrollar formas más seguras de relacionarse en el apego adulto. A partir de estas experiencias positivas, las personas pueden ir construyendo nuevas maneras de interpretar las relaciones, expresar necesidades o responder y gestionar los conflictos.
Esto significa que una persona con tendencia más ansiosa puede sentirse de forma gradual más segura en los vínculos que establece, y que una persona más evitativa puede desarrollar mayor comodidad frente a la cercanía emocional. Este proceso no ocurre de un día para otro, pero sí puede darse cuando hay relaciones que ofrecen seguridad, respeto y una buena comunicación.
Comprender nuestro estilo de apego no tiene como objetivo clasificarnos dentro de un grupo o limitarnos, por lo que no es una etiqueta permanente. Simplemente puede ayudarnos a entender mejor nuestras necesidades emocionales y las dinámicas relacionales. A partir de esa comprensión, es posible empezar a construir vínculos más conscientes, seguros y equilibrados.
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