Introducción


Premiar logros con comida es una idea que muchas personas tienen muy interiorizada sin darse cuenta: ‘si me esfuerzo mucho, me merezco algo rico’. Y esto parece inofensivo a primera vista, de hecho, en muchos casos lo es. La comida forma parte del placer, de la celebración y del cuidado, y no hay nada malo en disfrutarla. El problema empieza cuando esa lógica se repite tanto que deja de ser puntual y empieza a convertirse en una forma habitual de relacionarse con ella. 

Porque entonces la comida ya no ocupa el lugar de ‘me apetece’, sino el de recompensa, permiso o incluso compensación emocional.  Y eso puede ir moldeando, poco a poco, la forma en que la vivimos. A veces sin que nos demos cuenta, empezamos a asociar el hecho de comer con cuánto hemos producido, cuánto hemos aguantado o cuánto nos hemos ‘ganado’ el derecho a disfrutar. 

Desde la psicología, este tema es interesante porque no habla solo de comida. Habla también de autoexigencia, de cómo entendemos el descanso, de cuánto nos cuesta darnos algo bueno sin sentir que antes hemos tenido que sufrir o rendir. En una sociedad tan centrada en la productividad y en el control, no es raro que muchas personas aprendan a pensar que solo merecen una recompensa si antes han hecho méritos suficientes. Y cuando esa idea se mezcla con la alimentación, la relación con la comida puede volverse más rígida, más mental y menos libre. 

En este artículo hablaremos de eso: qué pasa cuando usamos la comida para celebrar nuestros logros, por qué este mecanismo es tan común  y cómo puede influir en la relación que tenemos con ella.

Por qué usamos la comida para premiarnos


premiar logros con comida

Usar la comida como premio no es algo que salga de la nada. Desde pequeños aprendemos que comer no solo sirve para alimentarnos, sino también para celebrar, consolar y recompensar. Un helado por portarse bien, una cena especial por aprobar el examen… Poco a poco, el cerebro va asociando que la comida puede ser fuente de alivio y placer.

Además, la comida activa circuitos de recompensa en el cerebro, así que es lógico que se convierta en una forma rápida de sentirnos mejor o de marcar que ‘algo bueno ha pasado’.

El problema no es que ocurra puntualmente, sino como forma principal de darte algo agradable cada vez que te esfuerzas o consigues algo.

Cuando la recompensa deja de ser algo puntual


El problema no suele estar en celebrar algo con comida de vez en cuando. Como decíamos, cuando todo esto se convierte en norma, la comida deja de estar conectada solo con el hambre o el disfrute y empieza a depender del mérito. Ya no comes solo porque te apetezca, sino porque sientes que has cumplido ciertas condiciones. 

Esto puede parecer algo insignificante, pero va cambiando el tono interno con el que te relacionas con la comida, porque si para disfrutarla necesitas haber producido, aguantado o rendido antes, entonces comer deja de ser un acto libre y se convierte en una negociación constante contigo mismo/a. Ahí es donde premiar logros con comida empieza a pesar más de la cuenta. 

premiar logros con comida

Cómo puede afectar esto a la relación con la comida


Cuando la comida se convierte en premio habitual, puede empezar a aparecer una relación más condicionada con ella. Es decir, ya no comes solo por hambre o disfrute, sino también según cuánto has hecho, cuánto has aguantado o cuánto crees que te lo has ganado. Y eso puede hacer que la comida deje de ser algo natural para convertirse en algo cargado de significado. 

premiar logros con comida

Una de las consecuencias frecuentes es la culpa. Si un día comes algo ‘sin haberlo merecido’, puede aparecer la sensación de que has hecho algo mal o de que tendrías que compensarlo después. También puede pasar que cueste más escuchar las señales reales del cuerpo, porque el centro ya no está en ‘qué necesito’ sino en ‘qué me permito’.

Qué hay detrás de esta forma de relacionarse con la comida


Cuando la comida se convierte en premio, lo que hay debajo no habla solo de alimentación. También habla de cómo nos tratamos, de cuánto nos exigimos y de la dificultad que a veces tenemos para darnos cosas buenas sin sentir que antes hemos tenido que hacer méritos. Como si descansar, disfrutar o parar solo estuviera permitido después de haber producido mucho o de haber aguantado demasiado. 

En ese sentido, usar la comida como recompensa puede ser una forma de decirnos: ‘ya que he podido con todo esto, ahora sí me doy algo’. Y ahí la comida pasa a ocupar un lugar que en realidad también podría tener el descanso, el cuidado, reconocimiento o el permiso para aflojar. 

No siempre es la comida el problema, sino la idea de fondo: que el bienestar hay que ganárselo. 

Por esta razón, premiar logros con comida se ve tan unido al tema de la autoexigencia. Cuando una persona está muy acostumbrada a funcionar desde el esfuerzo, el control o rendimiento, es fácil que necesite justificar incluso los momentos de placer. Y eso, poco a poco, puede hacer que la relación con la comida gane más peso del que debería tener. 

Conclusión


Premiar logros con comida de vez en cuando no significa, por sí solo, que tengas una mala relación con ella. La comida también puede ser disfrute, celebración, descanso o un momento compartido, y eso forma parte de una vida normal. El problema aparece cuando deja de ser algo puntual y empieza a convertirse en una regla interna. Ahí es cuando pasa a ser una recompensa o compensación. Ese cambio puede hacer que la relación con ella se vuelva más rígida, más mental y más cargada de culpa. 

Por eso, cuando esta dinámica pesa demasiado, revisarla en terapia puede ser una forma muy valiosa de cuidado. No para controlar mejor la comida, sino para construir una relación más libre y flexible contigo mismo/a. 

Bibliografía


  1. Herman, C. P., & Polivy, J. (1980). Restrained eating. In A. J. Stunkard (Ed.), Obesity (pp. 208–225). Saunders.
  2. Macht, M. (2008). How emotions affect eating: A five-way model. Appetite, 50(1), 1–11.
Si este tema resuena contigo o has pensado en iniciar un proceso de terapia, puedes encontrarnos en la Clínica de Psicología Marisol Sánchez situada en Hellín (Albacete). Somos un equipo de 5 psicólogas que trabajamos desde un enfoque multidisciplinar y cercano para acompañarte en tu proceso de terapia. ¡Aunque también podemos hacerlo en modalidad online!

 

 

 
Blogs anteriores que podrían interesarte
Whatsapp Llámame

Utilizamos cookies propias y de terceros para obtener datos estadísticos de la navegación de nuestros usuarios y mejorar nuestros servicios. Si acepta o continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información aquí.